Cada país por tradición tiene en su gentilicio una especie de fervor por su selección de fútbol, por el color de la camiseta y aún más cuando se está en eliminatorias pre mundialistas, la selección de fútbol es un sentimiento colectivo que desata pasiones, entre propios y ajenos, críticas y desencuentros con sus jugadores y de manera muy especial con su director técnico. Sentimiento Vinotinto . Entonces nuestra selección de fútbol, la venezolana, que no es la mejor del mundo pero es nuestra, antes le decían la cenicienta, la que nunca llegaba siquiera a las cuartos de final y el venezolano poco nacionalista la menospreciaba y otros de igual manera vivíamos el furor Vinotinto desde mucho antes de Richard Paez, pero el destino nos hizo justicia poética y poco a poco el esfuerzo, la dedicación, el entrenamiento, el sudar la camiseta de nuestra selección nos ha llevado a dejar de ser la selección cenicienta del continente e incluso soñar, sí, soñar... Los venezolanos somos muy soñadores...
Un estado de excepción por la vía constitucional en 6 municipios fronterizos del estado Táchira con Colombia ha servido de excusa para que el gobierno venezolano de rienda suelta a uno de los peores actos de marginación, xenofobia, abuso de poder y atropello a los derechos humanos en Suramérica. Bajo la premisa ineludible de la defensa de la seguridad nacional y la soberanía, el gobierno de Venezuela en operación conjunta con las desprestigiadas fuerzas de seguridad armadas ha sometido a niños, familias, ancianos y coterráneos al vejamen de la deportación y el desplazamiento forzoso.
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